Trenes
Después de ver esta fotografía que hice a las 6 de la mañana en la estación de Sant Vicenç de Calders (enlace a Wikipedia), no puedo evitar volver a mis entradas reflexivas. Esta vez recuerdo aquella común asosiación de un tren y la vida. La vida es un tren, el tren es una vida. Muchas veces lo he oído, de gente que lo decía para aparentar saber alguna misteriosa verdad de la vida, o incluso de filósofos que se aburrían de asociar la vida a una cerilla, el vuelo de un pájaro, o la hoja de un árbol.
El vagón que ocupamos siempre depende del billete que nos den. Muchas veces, acabamos cambiando de vagón. Incluso de tren. Dejando atrás a los viajeros que nos acompañan, o cogiéndolos de la mano para ir con ellos. Y a menudo, incluso el cambio de vagón no depende de nosotros.
Quizás la imagen que acompaña estas palabras haga pensar también en el paralelismo de las vías. Las vías por las que pasa el tren; esas que nunca se juntan. Sin embargo, y eso sí es cierto, basta con mirar hacía el horizonte para ver como, mientras se alejan, en un punto que acaba siendo inalcanzable por la vista, parece que al fin se encuentran. ¿De qué hablarán ahí? ¿Qué pueden contarse después de tanto tiempo sin hablar? ¿El monótono tac-tac de las ruedas de los trenes que acaban volviéndose cotidianos? ¿O de esos mismos amaneceres que, todos los días, acaban dejando una relajante y tranquila calidez del cielo reflejada en el grisáceo tono del metal por el que están formadas? Yo quisiera saberlo. Y supongo que caminando hacía el infinito, se podrá escuchar todo lo que se cuentan entre ellas. Caminando siempre adelante sin dar vuelta atrás.
Guardado en Fotografía, reflexiones |7 comentarios para “Trenes”
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La foto no esta nada mal ;)
y aunque no os guste, la vida, como en los viajes, cuando se acaban es cuando más se saborea.
La partida es entusiasta pero a ciegas, el gozo está sólo en que comienza el viaje.
El trayecto, nadie lo duda, proporciona el contacto enriquecedor, las experiencias propias, los paisajes que invitan a la admiración; si bien transidos del ansia no satisfecha por alcanzar la meta.
Cuando el viaje se acaba, permanecerán en nosotros todas esas impresiones, comprenderemos ya el contexto del viaje entre la partida y la llegada. Son las fotos que mostramos a nuestros padres y hermanos con el entusiasmo de quien quiere compartir con ellos lo ocurrido, el aspecto cansado que invita a la introspección.
Como en la vida: desaparecerán los paisajes, se perderán muchos contactos, cambiarán hasta los trenes. No importa. Dentro de nosotros, al final del viaje, adquiere sentido el pasado, se rememora lo vivido como quien va sacando uno a uno retazos del baúl de los sentimientos; se comprenden tantas y tantas cosas. Y se valora… hasta el más ténue de los recuerdos de la memoria pues ellos nos invitarán a exclamar: “Merece la pena, haber vivido”.
Sin duda tus reflexiones son realmente útiles. Tienes razón basada en tu sabiduría, que además resalta el detalle del comienzo y el final del trayecto de los trenes :)
Uy, si me lisonjas pronto dejamos de ser amigos.
“Si te gusta calla. Si no te gusta querré que seas tú el primero en decírmelo”. Así empecé en primaria (doctrina materna) y jamás me falló. :D
Después de buscar el verbo “lisonjar” en un diccionario comprendo globalmente tu respuesta y la voy a tener en cuenta :)
Gran post y gran foto.Tanto las vías del tren, el cielo como el mar son cosas que jamás me canso de mirar. Creo que en el fondo para mí representan lo mismo. Poco más que añadir a lo que has escrito ;)
Gracias :)